Hoy se nos pide explícitamente la conversión y “escuchar la voz de Dios”…

Nínive le pedía  al Señor un signo, y el Señor le contesta que no se le dará otro signo si no es el del profeta Jonás, prefiguración bíblica de la estancia de Jesús en el sepulcro.

LOS NINIVITAS ESCUCHARON LA VOZ DE DIOS… desde su rey, el gran rey de Asiria, uno de los imperios antiguos más importantes, hasta el último de los ninivitas se vistieron de saco e hicieron penitencia…

Este fue el gran reto: escuchar la voz de Dios y seguir lo que esa voz pedía. Dios, a su vez, les escuchó a ellos, y Nínive no fue destruida.

Escuchar la voz de Dios y seguir sus caminos no pidiendo signos espectaculares más que los signos que esa misma voz nos ofrece según la vocación recibida, es lo importante.

Los ninivitas se vistieron de saco… hicieron penitencia exterior. A nosotras, el Beato Zegrí, nos pedía mortificación, penitencia, pero la mortificación interior, que es la más difícil. Esa que nos lleva al único singo que salvará de verdad nuestra vida: LA CARIDAD EN TODAS SUS DIMENSIONES Y MANIFESTACIONES. Una caridad que forma parte de nuestra identidad original y de nuestra vocación como misión en la Iglesia. El único signo realmente eficaz y lleno de sentido en nuestra vida es la CARIDAD… de ella arranca y en ella termina nuestro proceso de conversión, también nuestra renovación y la novedad que pedimos para nuestra vida. Escuchemos hoy la voz de Dios para escuchar de sus labios este signo, que para cada una tendrá distintos matices y exigencias… habla a esa hermana que no te habla… acércate a esa otra que te repele por su carácter… acompaña a la hermana mayor que no puede andar… expresa lo que quieres decir en comunidad con dulzura… no te escaquees ante el trabajo común… refrena tus movimientos de envidia, etc. Hacer esto es el signo que nos salvará, que renovará nuestra vida.

Activemos en nosotras todo aquello que nos conducirá a tener y vivir una caridad sin fisuras. Una caridad llena de amor entregado y de gestos de misericordia pero, también, una caridad que pondrá a Dios en el centro de nuestros corazones como lo único importante de nuestra existencia, como la novedad que buscamos para nuestra ciudad de Nínive, que es nuestra Congregación y la gran ciudad humana.

Nínive y la reina del Sur, dice Jesús, escucharon. Estos eran extranjeros para el pueblo de Israel. Jesús se queja de que los israelitas no le escuchan a Él, el gran enviado del Padre. ¿Tendremos nosotras capacidad de escuchar? ¿O también Jesús se quejará de que nosotras no escuchamos?

mishqi-gate-mosul--620x349 copia

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s