La obediencia y la docilidad de la hermana mercedaria de la caridad agradan el corazón de Dios…

Hoy, al meditar en la lectura de Samuel, nuestra vida de hermanas mercedarias se siente interpelada por lo que la Palabra de Dios nos comunica con mucha simplicidad:

NO LOS SACRIFICIOS, SINO LA OBEDIENCIA Y LA DOCILIDAD es lo que agrada el corazón de Dios. Vemos como Saúl es rechazado porque, según le dice Samuel, no ha obedecido la voz de Dios y no ha sido dócil a sus mandatos.

Al contemplar la vida de Jesús en cada una de las páginas del Evangelio vemos como el deseo más íntimo de Jesús fue ser OBEDIENTE AL PADRE y dócil en el cumplimiento de su voluntad. Por ello dio la vida.

El Evangelio nos pedía ser vino nuevo en odres nuevos. Jesús se refiere al vino nuevo de la pascua, que sella la obediencia radical de su vida al Padre y que constituye la principal novedad de su proyecto para la realización del reinado de Dios en la historia.

Hoy, cuando la obediencia y la docilidad en nuestra vida consagrada están puestas en entredicho, estamos llamadas a renovar estas dimensiones tan importantes de la vida cristiana y de toda consagración a Dios. Al Rey Saúl, como rey consagrado de Isreal se le pide obediencia y docilidad. A Jesús, como liberador y redentor de Israel y del ser humano, se le pide obediencia y docilidad hasta la muerte y muerte de Cruz, como dice Pablo en su carta a los Filipenses…

¿Qué se me pide a mí, mujer consagrada y discípula, mercedaria de la caridad?

Obediencia y docilidad al Espíritu, que sopla en el interior de nuestros corazones. También a la autoridad constituida, pero, sobre todo, al Espíritu de Dios que en cada momento, si estamos atentas, nos va marcando el camino del vino nuevo, que es el de la entrega radical y dócil, viviendo la caridad como premisa de todo lo que somos y hacemos, dando la vida por todos y cada uno de nuestros hermanos. Llamando a la existencia a cada uno para rociarlo con el vino nuevo de la caridad y de la gracia, renovando así nuestros ambientes y realidades y haciendo más evangélica nuestra vida. No habrá vino nuevo en odres nuevos sin obediencia y docilidad al Espíritu desde la caridad radical, porque es lo que definió la vida de Jesús y lo que el Padre pide para todo consagrado.

Le pedimos hoy al Señor esta gracia grande de hacer de la obediencia y de la docilidad el camino por el que los odres nuevos de nuestra vida se llenen del vino nuevo de Jesús en su obediencia y docilidad al Padre dando la vida por todos.

 

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