La hermana mercedaria de la caridad comprometida con la humanización del mundo…

El Beato Zegrí nos decía… caridad mucha caridad… Pero de la misma manera nos podría decir: humanidad, mucha humanidad.

Al mundo de hoy le falta humanidad, gestos humanos, comportamientos que revelen la humanidad de Dios. Dios se hizo hombre y vino a habitar en medio de la humanidad para derramar sobre ella los frutos de la redención: paz, justicia, libertad, misericordia, mansedumbre, perdón, humildad, gratuidad, ternura, compasión, fraternidad. Vino y se introdujo en el corazón de cada ser humano y en el corazón de la humanidad. Se hizo uno entre nosotros y uno con nosotros. Su divinidad se transformó en carne, en humana revelación de su eterno amor. Jesús, el Dios encarnado, camina con todos los seres humanos, y al lado de todos, siendo realmente hombre y humano entre los humanos. La humanidad de Dios se ha revelado, desde entonces, en el camino que todos tenemos que recorrer para dejarnos alcanzar por Él y para alcanzarle.

Toda experiencia de Dios pasa por este proceso de llegar a ser profundamente humanos en Jesús. Es decir, todos estamos llamados y convocados a vivir un proceso de humanidadad/humanización que nos vaya configurando con sus mismos sentimientos para llegar a ser esa imagen acabada de Dios con la que El nos soñó el día de la creación.

Nosotras, hermanas mercedarias de la caridad, por vocación, hemos sido llamadas a vivir este proceso de descendimiento y de encarnación para revelar a todos los seres humanos el amor misericordioso con el que Dios los ama, y para derramar sobre todos los frutos de la redención desde la profunda humildad que se respira en la gruta de Belén, y desde ese deseo intenso de poner nuestra tienda en medio de todos, haciendo de ella el espacio de la ternura compasiva de nuestro Dios.

Al mundo le falta humanidad, pero también nos falta a nosotras, y falta humanidad en nuestras comunidades, espacios en los que tenemos que vivirlo todo en bien de la humanidad en Dios por Dios y para Dios.

En esta navidad estamos convocadas a convertir nuestras actitudes y comportamientos en amor de Dios, desde la esencialidad evangélica del misterio de la encarnación y de la humanidad de Dios. Podemos ser como los ángeles, pero mientras este misterio, tierra firme de nuestra vocación, no eche raíces en nuestra vida, estaremos perdiendo el tiempo del amor, que es el tiempo de la realización de nuestra vida y vocación.

Pidamos al Beato Zegrí, que nos enseñó con su ejemplo y en sus textos a ser mujeres humanas y humanizadoras, que nos ponga en este camino para transformar el mundo en gesto humano y entrañable, identidad de lo que Dios es y de lo que nos revela en cada navidad.

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s