Reflexión de un sacerdote de lo que es y significa preparar los caminos del Señor

EVANGELIO DEL DÍA:
Lc 3,1-6: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías:
«Una voz grita en el desierto:
preparad el camino del Señor, allanad sus senderos;
elévense los valles, desciendan los montes y colinas;
que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.
Y todos verán la salvación de Dios.»

PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:

En el Evangelio de hoy, S. Lucas nos presenta dos invitaciones: La conversión como crecimiento en el amor y la llamada a preparar el camino del Señor.

Nos pone como modelo a Juan el Bautista, que fue el precursor del Mesías. Juan recorría toda la comarca del Jordán predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. El Bautista es una figura importante, -el mayor de los profetas-, en este tiempo de gracia, esperanza y especial del Adviento. Por eso no esta de mal que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿Quién es Juan Bautista? Para responder a este interrogante os presento las palabras del Papa Francisco, dadas en el ángelus del 23 de junio de 2013, vísperas de la festividad del nacimiento de Juan Bautista:

“…Y luego existen muchas personas, cristianos y no cristianos, que «pierden la propia vida» por la verdad. Cristo dijo «yo soy la verdad», por lo tanto quien sirve a la verdad sirve a Cristo. Una de estas personas, que dio la vida por la verdad, es Juan el Bautista: precisamente mañana, 24 de junio, es su fiesta grande, la solemnidad de su nacimiento. Juan fue elegido por Dios para preparar el camino a Jesús, y lo indicó al pueblo de Israel como el Mesías, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (cf. Jn 1, 29). Juan se consagró totalmente a Dios y a su enviado, Jesús. Pero, al final, ¿qué sucedió? Murió por causa de la verdad, cuando denunció el adulterio del rey Herodes y Herodías. ¡Cuántas personas pagan a caro precio el compromiso por la verdad! Cuántos hombres rectos prefieren ir a contracorriente, con tal de no negar la voz de la conciencia, la voz de la verdad. Personas rectas, que no tienen miedo de ir a contracorriente. Y nosotros, no debemos tener miedo. Entre vosotros hay muchos jóvenes. A vosotros jóvenes os digo: No tengáis miedo de ir a contracorriente, cuando nos quieren robar la esperanza, cuando nos proponen estos valores que están pervertidos, valores como el alimento en mal estado, y cuando el alimento está en mal estado, nos hace mal. Estos valores nos hacen mal. ¡Debemos ir a contracorriente! Y vosotros jóvenes, sois los primeros: Id a contracorriente y tened este orgullo de ir precisamente a contracorriente. ¡Adelante, sed valientes e id a contracorriente! ¡Y estad orgullosos de hacerlo!

Queridos amigos, acojamos con alegría esta palabra de Jesús. Es una norma de vida propuesta a todos. Que san Juan Bautista nos ayude a ponerla por obra. Por este camino nos precede, como siempre, nuestra Madre, María santísima: ella perdió su vida por Jesús, hasta la Cruz, y la recibió en plenitud, con toda la luz y la belleza de la Resurrección. Que María nos ayude a hacer cada vez más nuestra la lógica del Evangelio.” –hasta aquí las palabras del Papa.

Juan es ante todo, un creyente, con un estilo de vida desprendido y pobre, con humildad se abaja a sí mismo para enaltecer a Jesús. Su alegría se encontraba en disminuir y hacer que Cristo creciera. En el pasaje de hoy nos muestra el camino de conversión: Hay que preparar el camino, allanar los senderos, elevar los valles, enderezar lo torcido e igualar lo escabroso.

ALLANAR, tenemos que realizar una gran poda en nuestra vida, para nivelar y quitar todo lo que nos sobra de orgullo, de ira, de egoísmo, de abajar los humos, de prepotencia, de autosuficiencia,… son tantas cosas que se tienen que invertir para iniciarse en el camino de la humildad, de la pequeñez.

ELEVAR nuestra dignidad de hijos de Dios, crecer en amor, fe y esperanza. Nos falta tanto para poder decir como los santos: es Cristo quien vive en mí. Para que nuestra vida se encauce en los caminos del Señor, y querer lo que Dios quiera, cuando Él quiera y como Él quiera. Vivir en ese deseo de búsqueda de su voluntad y hacerla nuestra. ¡Cuánto tiene que ayudarnos el Señor con su gracia!

ENDEREZAR, volver a coger el rumbo, dejarnos guiar por el Espíritu Santo, buscar la voluntad de Dios en nuestra vida, ver el cambio como bueno, la transformación de nuestro corazón, mentalidad y conducta. En definitiva, comenzar por detectar el pecado en nuestras vidas y plantarle cara, se libra un gran combate, una gran lucha entre el pecado y la gracia, sabiendo que el pecado nos pasa factura y nos roba el gozo y la alegría, incapacitándonos para amar, y en cambio, la vida de gracia nos lleva a la plenitud produciendo frutos de santidad. Lo bueno es comenzar esta transformación y no retrasarla mas, saber como dice nuestro refranero que nunca es tarde si la dicha es buena, y este camino nos aporta multitud de beneficios.

Es domingo, día del Señor, que tengas un buen día.

Jesús Aguilar Mondéjar , sacerdote.

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