Un nuevo tiempo para una renovada vida: tiempo de adviento

Terminamos el año litúrgico dando gracias a Dios porque, a pesar de todos los avatares de la vida y del tiempo, el año litúrgico que termina ha sido para nosotras un kairos. Un tiempo de gracia y un acontecimiento de salvación. Cada minuto del año que termina ha sido para todas una manifestación del amor eterno de Dios que, con su fidelidad, nos ha llamado cotidianamente a la existencia y a una vocación que nos ha vinculado a su humanidad de Padre generosos, misericordioso y fiel y a la humanidad herida, sobre la que hemos derramado la ternura y la consolación de nuestro abba. Alabamos y bendecimos a Dios que nos ofrece el tiempo como gracia para poder vivir una experiencia honda y profunda de vida y de vida abundante, de esperanza  y de posibilidad.  El paso que todos realizamos por el tiempo es una oportunidad única para vivir con intensidad, compromiso y fidelidad la vocación recibida. Cuando el tiempo se haya acabado, se acabarán también las posibilidades.

Comenzamos un nuevo tiempo, un nuevo kairos va a entrar en nuestra vida y en nuestro corazón. Una vez más Dios nos regala instantes, momentos en los que podemos vivir con intensidad de amor,  el kairos de gracia que recibiremos como página en blanco para poder escribir el  mejor año de nuestra historia personal.

Adviento quiere decir ad-venimiento del Señor. Con el adviento comienza este tiempo de gracia. Un tiempo lleno de esperanza y de futuro, de expectación y de gracia. Nos preparamos con renovado entusiasmo para vivirlo con hondura y con sentido. Y nos proponemos vivirlo:

Mirando al cielo, de donde vendrá el que descenderá del seno del Padre como Buena noticia para la humanidad. Mirando al cielo que quiere decir en actitud de profunda contemplación y oración. Recogiendo nuestros corazones para poder recibir al que llega, para preparar nuestra casa y nuestro hogar, para preparar nuestra tienda como digna morada.

Mirando, también, a nuestros desiertos y a los desiertos de la humanidad. Porque en ellos florecerá un retoño, el Dios que salva y que libera. Aparecerá el agua de la gracia en las estepas y la tierras sedientas se llenarán de la gracia del Altísimo.  Nuestros desiertos, aquellos que han dejado nuestros corazones cansados y nuestra vida en la desvandada de los vientos, se abrasarán en amor con el sol que nos visitará de lo alto, Jesús el Señor. Los desiertos humanos pasarán de ser lugar de muerte a lugar donde brillará la gracia y la liberación. Es importante recogernos para saber cuáles son nuestros desiertos y entrar en los desiertos del mundo para que en ellos acontezca el milagro.

Es importante mirar, también, a los personajes del adviento:

Mirar a María, la humilde esclava y peregrina, que con su SI TOTAL A DIOS, hizo posible el sueño de la encarnación de la segunda persona de la Santísima Trinidad. Y que, en este sí de María, seamos capaces de poner el nuestro para que hoy, también hoy, Jesús nazca en el corazón del mundo por nuestra entrega y generosidad de hermanas mercedarias.

Mirar a Jesús, que es el personaje central del adviento, quien siendo Dios, no tuvo a gala serlo y descendió al seno de la humanidad para revelarnos el grande amor del Padre que nos ha llamado a la existencia y a vivir permanentemente en su corazón de Padre, lleno de ternura, de compasión, de vida y de perdón. Gracias a Jesús sabemos que nuestro destino final se llama cielo, porque El lo ha traído a la tierra, y que viviremos para siempre sumergidos en un océano eterno de amor. Mirar a Jesús en su proceso de descendimiento, de abajamiento, de humildad y de obediencia, como piden nuestras Constituciones de cada una de nosotras.

Mirar a San José, el hombre que se fió de Dios y que, a pie juntillas, sin vacilar, cumplió todo lo que el Señor le pedía desde una respuesta radical, llena de humildad y de pobreza. Mirar a José en su capacidad de acompañar el acontecimiento desde el silencio, la confiabilidad, la confianza radical, el amor más puro, la entrega más generosa.

Mirar a los profetas, para descubrir las aguas en la estepa, la vara que florecerá, el júbilo de las doncellas y de los viejos que bailarán, los cielos que se llenarán de luz, las voces angélicas que cantarán, los caminos que se allanarán… Contemplar a los profetas para vivir la austeridad a la que nos llama la gracia, porque LA GRACIA DEL ENVIADO SERA SUFICIENTE PARA LLENAR LA TIERRA DE FELICIDAD.

Pedimos al Señor, comenzar el año litúrgico como llamada de amor del Señor a una nueva y renovada existencia y vocación. Y el tiempo de adviento como deseo intenso de recibir al deseado de las naciones y de nuestro corazón. Que la esperanza sea la virtud teologal que anime nuestra oración, y nuestra capacidad de volver los ojos del corazón, como conversión, hacia Aquel que nos llama ya desde lo alto gritando quedamente a nuestra vida de hermanas mercedarias de la caridad: ALZAD VUESTRAS CABEZAS, SE ACERCA VUESTRA LIBERACION.
DSC02185

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s