Un nueve de noviembre grabado a fuego en nuestros corazones

Mañana celebramos el aniversario de la Beatificación de nuestro querido Fundador. Es un nueve de noviembre grabado a fuego en nuestros corazones. Un día que encendió nuestras lámparas de amor redentor en su santidad para que todo el Instituto viviera momentos fuertes de renovación y de vida. Un nueve de noviembre que mantiene encendida esa llama y que hoy nos convoca a vivir la esencialidad del Evangelio y del carisma si queremos ser de verdad una respuesta convincente de vocación y de liberación en el siglo XXI.

La mañana era fría en Roma, pero nos levantamos con el alma llena de luz y pletórica de gracia para acercarnos a la Plaza de San Pedro donde tendría lugar  la Eucaristía en la que el Santo Padre Juan Pablo II Proclamaría Beato a nuestro querido Fundador. El cielo azul acogió la alegría de nuestros corazones derramándola sobre el lienzo que caía del balcón central de la Basílica con el rostro de nuestro Fundador. Una alegría bañada en la palabra más noble, más sincera, más entrañable, más profunda que en ese día podíamos pronunciar las hermanas mercedarias de la caridad ¡GRACIAS!

Gracias a Dios que nos bendecía a nosotras avalando ante toda la Iglesia, con la santidad de nuestro Fundador, el carisma fundacional, que tantos frutos de vida y esperanza había derramado hasta ese día sobre el mundo, y que sigue derramando hoy

Gracias a Dios porque, al fin, nuestro Fundador era reconocido en la Iglesia como santo entre los santos de Dios. La Iglesia tenía sobre él una palabra de amor profundo, de reconocimiento profético, de integración total, de restauración fiel y llena de misericordia después de todo lo que le hizo sufrir, probado por sus pastores como oro en el crisol

Gracias a Dios porque la misión que el Espíritu le confío a través de la familia religiosa por él fundada había derramado los frutos de la redención sobre todos los pobres, convirtiendo a cada hermana mercedaria de la caridad en providencia visible de todos aquellos que esperan la liberación de Dios en todas las fronteras del mundo, pues estábamos ya en cuatro continentes…

Y gracias al mismo P. Fundador por haber sido el hombre más evangélico que se ha cruzado en nuestros caminos de hermanas mercedarias de la caridad. De él hemos aprendido

  • la caridad redentora que lleva a entregar la vida a los pies del Crucificado
  • la fuerza de la cruz y de la pascua en la liberación del mundo
  • el valor de la verdad, de la justicia y de la libertad
  • lo apasionante que es caminar al lado de los crucificados de la tierra
  • la importancia de vivir la esencialidad de la fe, la confianza total en el Dios que salva y la fidelidad de un Dios que en ninguna prueba deja a su elegido solo y abandonado
  • la dulzura que encierra el vivir cobijados en los brazos de María de la Merced
  • la dinamicidad del Evangelio para llevar la buena noticia hasta los confines de la tierra
  • la importancia de ser surco en la tierra, labrada con la virtud de la humildad, de la modestia y de la libertad para derramar los frutos de la redención
  • el valor insondable de la unidad y de la comunión, avaladas por la elegancia natural de todas las virtudes humanas, tan queridas por él
  • el amor a la Iglesia y la fidelidad a ella
  • la fidelidad a la vocación a pesar de todas las oscuridades del alma
  • la respuesta fiel a Dios a todo lo que le fue pidiendo en la vida, respuestas no fáciles y llenas de una confianza total y absoluta
  • la importancia de desaparecer en la oscuridad de la noche para resucitar glorioso en la verdad del Evangelio
  • la fuerza de la soledad que avala proyectos de salvación y de liberación para el mundo

¡SERIAN TANTAS LAS COSAS QUE PODRÍAMOS DECIR DE ÉL!

En este día sería estupendo que todas nos recogiéramos en oración para darle gracias a Dios por este gran hombre, por este gran profeta del amor y de la misericordia de Dios, por este gran sacerdote, por este hombre de Dios y del pueblo que fue y sigue siendo nuestro querido Fundador.

Y sería estupendo que cada una pudiéramos escribir nuestra página de agradecimiento con estas preguntas:

¿Que ha supuesto en mi vida el P. Fundador?

¿Cómo me ha ayudado en la vivencia de mi vocación?

¿Qué favores relevantes he recibido de él?

¿Qué me pide hoy el P. Fundador para que sea cada vez más una mujer llena de Dios, de Evangelio y de carisma?

P.ZEGRÍ

 

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