La hermana mercedaria de la Caridad, una mujer eucarística y una discípula que hace “memoria del misterio pascual en la Eucaristía de cada día”

La hermana mercedaria de la caridad es por vocación una mujer eucarística. Nuestra vocación se desarrolla en este “memorial de la pasión, muerte y resurrección del Señor”, memoria de la entrega de Jesús y de su amor apasionado por los seres humanos en el misterio de su Cuerpo y de su sangre.

Reunidas en el nombre del Señor, dice el Directorio, nuestras comunidades tienen como centro la Eucaristía, sacramento de amor, signo de unidad y vínculo de caridad. La presencia de la Eucaristía en nuestras capillas nos congrega como familia unida en la caridad (Dirt. 65).

San Pablo, que dejó claro a los Corintios como debían vivir el misterio eucarístico, nos exhorta a nosotras, en este día, como lo hizo con esa comunidad cristiana que no vivía la Eucaristía significando lo que este misterio encierra de amor y de unidad, a vivirla con el sentido y la hondura que se requiere, porque “participar del mismo pan es simbolizar que somos miembros del Cuerpo de Cristo, por tanto unidos a El y entre nosotros con un vínculo de amor que ha costado la sangre de Jesús. De ahí que, antes de celebrar la Eucaristía, debemos caer en la cuenta de si la comunidad, en su celebración, hace realidad la unidad, la comunión, la igualdad de todos los hermanos y la concordia mutua de ideales y de corazones en la caridad. De lo contrario, no se puede celebrar la Eucaristía. Porque Eucaristía y fraternidad, según Pablo, van indisolublemente unidas”. A los Corintios Pablo les recrimina con cariño pero, a la vez, con exigencia:

  • que celebran la Eucaristía sin estar y vivir unidos
  • que son insolidarios con los que no tienen
  • que se reúnen en grupos para comer su propia cena, no la del Señor
  • y que, por tanto, están desvirtuando el misterio

Pablo no se ahorra palabras con una comunidad que ha hecho de la celebración de la cena del Señor una cena de reunión de amigos sin más, olvidando las necesidades de los más pobres y de los que tienen poco (Cf. 1 Cor 11, 17-34)

Nosotras, hermanas mercedarias de la caridad, no solamente queremos vivir la Eucaristía en lo que significa, sino que queremos testimoniar al mundo que la Eucaristía es la fuente evangélica de la unidad, la comunión, la solidaridad y la convocación permanente de todos los hijos e hijas de Dios bajo las especies eucarísticas del pan y del vino. Que estamos llamados a partir el pan y compartirlo con todos y que, cuando nos aceramos al altar no llevando en nuestro corazón a todos nuestros hermanos, especialmente a los que están cerca, no podemos “participar en la mesa del Señor”. Hay que dejar allí la ofrenda e ir a buscar la unidad y la comunión con el hermano, el que sea, porque teniendo claro que Jesucristo es quien fundamenta la comunidad y la caridad creyente, resulta paradójico comprobar que construimos espacios comunitarios sin cimientos, y que, en consecuencia, miembros de nuestras comunidades quedan al margen de la comunión. Y esto, según dice Pablo, es uno de los grandes pecados de los cristianos creyentes contra la Eucaristía.

La cena del Señor es el acto supremo de entrega y la mayor expresión de amor incondicional por la humanidad. Las palabras del Señor Jesús, “este es mi cuerpo que se entrega por vosotros” son una invitación y una provocación a la comunidad cristiana para que ejerza la caridad y la solidaridad entre sus miembros. De este modo nadie puede quedar excluido de la dinámica del dar y del recibir sin medida iniciada por Jesús con la fracción del pan indiviso y con el ofrecimiento del vino de la plenitud. La Eucaristía cuestiona, llama a la unidad, a la fraternidad y a discernir a la luz de la entrega del Señor Jesús y nos ayuda a anhelar, con su venida definitiva, la total solidaridad y unidad con nuestros hermanos. La Eucaristía de cada día nos convoca a la unidad y a la comunión, a la vinculación en el amor mismo del Señor y a preocuparnos de los demás en todo momento y circunstancia.

DISCERNIMIENTO 

  • -¿ Qué hago yo con la Eucaristía de cada día?
  • -¿Me acusa mi conciencia de provocar división en vez de comunión y unidad?
  • -¿Soy consciente de crear grupos que no nos aúnan en la vivencia de este sacramento de amor indiviso que vincula en el amor?
  • -¿Cuál es mi mayor pecado contra la Eucaristía?

 

 

 

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