Hoy comenzamos en la liturgia el tiempo ordinario

Hoy comenzamos el tiempo ordinario. Ese tiempo del que San Ignacio decía que es el tiempo para “alcanzar amor”. El Espíritu, que ha sido derramado en nuestros corazones, nos da la fortaleza para poder responder, en la cotidianidad del amor, a los planes que Dios tiene sobre cada una de nosotras. El tiempo ordinario es el tiempo del kairos de Dios; el tiempo en el que se nos da la posibilidad de hacer de cada minuto de nuestra existencia, de cada momento, un momento de amor. Al amor se le responde con el amor, con la entrega generosa, con la fidelidad sencilla y honda de una vida.
Por eso, en este tiempo:
– Vamos a abrir nuestros corazones para acoger el amor que se nos regala cada amanecer, y vamos a celebrar la vida y la esperanza con todos los hijos e hijas de Dios con los que hacemos el camino de la merced de Dios.
– Vamos a dejar que el Espíritu nos modele en cada acontecimiento. El nos habita como en un templo y Jesús dijo que nos lo enviaba, no sólo para consolarnos, sino sobre todo para conducirnos y enseñarnos, para llevarnos hacia la plenitud de vida y vocación que Dios espera de nosotras. Por eso, hagamos el ejercicio interior de sentirnos habitadas por una persona, que es amor, y que es constante creación de vida en cada una.
– Vamos a vivir la Palabra del día como oración cotidiana. Que la Palabra del día caliente durante toda la jornada nuestro corazón y esa palabra, ese fuego de amor, vaya configurando nuestro corazón con el de Jesús. Que la Palabra nos caliente, nos oriente, nos interpele, nos confronte, y, sobre todo, nos de razones para creer, amar, esperar y acompañar a los seres humanos menos favorecidos. Que el Espíritu nos convierta del pecado de la autorreferencialidad y nos haga salir de nosotras mismas hacia las fronteras del mundo porque hay mucho que redimir y liberar
– Vamos a dejar que el carisma, en la cotidianidad del amor, nos ponga en el camino de nuestro querido Fundador, que es el camino de los más pobres, y vamos a acompañar con gestos redentores y sacramentales de amor a todos los que sufren…
No nos pertenecemos y la vida no nos pertenece. Le pertenece al Señor.
Hermana mercedaria, si te sientes viva en el cuerpo y en el Espíritu… entrega tu vida al VIVIENTE PARA ENGENDRAR VIDA… Que el tiempo ordinario te ponga en el camino de la vida, de la esperanza y de todas las posibilidades de Reino. Es la única forma de ser felices.

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