Hoy nos hacemos cantoras, con María, de las maravillas que Dios obró en ella y en nosotras

María cantó bellamente las maravillas que Dios había recibido de Dios. Fue una mujer agraciada y agradecida.

Vivir la vida como gratitud y dando gracias por todos los dones recibidos, es la actitud de todo creyente y la actitud que nos enseña nuestra Madre. ¿Qué tenemos que no hayamos recibido? Nuestras madres nos decía también: “es de bien nacidos el ser agradecidos”. Por todo lo recibido tendríamos que tener constantemente la palabra “gracias” en nuestros labios y en nuestro corazón.

Si vivimos la vida como gratuidad total, como concebidas y llamadas a la existencia desde un amor gratuito y fiel, daremos gracias constantemente al autor de todo bien y a las personas que nos rodean. Pero si nos sentimos llamadas a la vida y a la existencia porque nos lo merecemos todo, nunca tendremos la capacidad de dar gracias o de ser gratuitas. La cultura de los “merecimientos” desbanca a la cultura “del amor”.

María, nuestra Madre, nos enseña a vivir sumergidas en la gratuidad total de Dios, que es amorosa y amante. A reconocer todo lo que Dios ha hecho con nosotras, y a entregar la vida en gratuidad total por todos los bienes recibidos. Y nos enseña a dar gracias, ¡qué menos!

Hoy sería muy bello que, con María, escribiéramos cada una nuestro MAGNIFICAT…

 

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