Que nuestra vida encuentre en la humildad de María la tierra virgen para ser un sí a Dios, como lo fue ella.

Humildad viene de la palabra latina “humus” que quiere decir tierra. Y tierra que, además, todos pueden pisar. Es la tierra de la Encarnación del Hijo, que bajó a la misma haciéndose uno de tantos y uno con todos.

Todos los santos han querido ser tierra de encarnación para ser como María un perfecto “sí a Dios”. Todos se han vaciado de sí mismos, o han dejado que el Espíritu los despojara de sí mismos, dejándolos como tierra virgen, para que el Verbo de Dios se pudiera encarnar en ellos.

El P. Fundador puso la virtud de la humildad como fundamento del amor de Dios que tenía que vivir la hermana mercedaria de la caridad. Y tiene palabras duras contra los caracteres impresionables y autosuficientes, o contra la soberbia, porque impiden a los corazones estar totalmente abiertos a la acción del Espíritu en ellos.

Dejemos, en este día de mayo, que el Espíritu nos revista de humildad para que Jesús se encarne en nosotras, y para vivir un perfecto sí a Dios, como vivió María,  siendo mujeres de una caridad sin límites ni fronteras para todos.

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