La hermana mercedaria de la caridad vive el trabajo apostólico como vocación…

En este día de San José Obrero queremos dar gracias a Dios por el trabajo apostólico de todas las hermanas, un trabajo que dignifica la persona en le edificación del Reinado de Dios y su justicia y la liberación el mundo y de la historia.

El Beato Zegrí concebía el trabajo también como una vocación que dignificaba al ser humano y, de hecho, cuando establecía una comunidad en un determinado municipio, siempre exigía un contrato de trabajo como medio de subsistencia de las hermanas, como realización del trabajo apostólico de la Congregación, que es una Congregación de vida apostólica activa, y como servicio y caridad entre los pobres.

Leemos en el número 24 de las Constituciones: El sentido de pobreza nos exige comprometernos con la ley común del trabajo, realizado responsablemente. Es un medio de subsistencia, de sostenimiento de nuestras obras apostólicas y de solidaridad con los necesitados y con la Iglesia. Nos identificaremos con cuanto humaniza y dignifica al ser humano. Defenderemos y promoveremos la justicia social y ecológica (Const. 24)

Todas las hermanas nos comprometemos con el trabajo cotidiano que hace tangible nuestra caridad redentora en medio de los más necesitados, y nos hace vivir la vida cotidiana en la pobreza de los que se ganan el pan con el sudor de su frente. Y lo consideramos como:

  • vocación apostólica, no como simple realización de tareas encomendadas. A través de un trabajo como vocación extendemos el Reino de Dios y derramamos los frutos de la redención
  • cooperación con el diseño creador de Dios
  • liberación y redención del mundo y de la historia
  • cooperación fraterna en el servicio redentor
  • realización de la vocación personal y vocación del Instituto
  • fuente de felicidad
  • como ascesis de la vida diaria, haciendo lo mismo que los pobres que se ganan el pan con las obras de sus manos

Por eso, todas las hermanas tenemos que tener un trabajo digno y estable, tratando de vivir en la cotidianidad del amor como el carpintero de Nazaret, como María que se dedicaba a las labores domésticas, o como Jesús, que durante su vida fue considerado como “hijo del carpintero” oficio que, sin duda, también realizó Él. Jesús dice en el Evangelio de San Juan: “El Padre trabaja, y yo también trabajo”. Por lo tanto, el trabajo entra dentro del ámbito la dignidad de la divinidad y de la humanidad de Dios, de la vida cotidiana de Jesús, a quien seguimos y amamos.

Por tanto, unirnos hoy a todos los trabajadores del mundo, es entrar en esa dinámica de “dignificación” de los seres humanos conseguida a través del trabajo, siempre que sea digno y cooperador al gran diseño de Dios en la creación y en la edificación de una sociedad fraterna, justa y libre. Pedimos por todos ellos y que sean respetados siempre sus derechos y la justa distribución de lo que les corresponde.

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