Con María, a los pies del Crucificado y de los crucificados de la tierra

Leemos en el Evangelio de Juan que junto a la cruz de Jesús estaba su Madre.  Estaba la mujer y la discípula. Estaba Ella, la Madre de aquel que, por vivir el amor sin medida, fue crucificado y puesto a la vista de todos como un malhechor. Estaba la mujer y la discípula capaz de acompañar a Jesús hasta las últimas consecuencias. Y estaba de pie. Con esa capacidad que tiene Ella como mujer y como discípula de seguir el dolor del Hijo crucificado y de asumir con Él esa voluntad amorosa de Dios que le llevó a la cruz para salvación de todos nosotros.

María, al pie de la Cruz asume

. la voluntad del Padre para su Hijo muy amado, una voluntad incomprensible a los ojos del mundo, pero fecunda a la luz de la fe, porque en esa voluntad estaba escondido todo el proyecto salvador y liberador de Dios, la nueva creación y la nueva alianza sellada con la sangre de Cristo

. la voluntad de Dios sobre Ella, que la hace copartícipe de la misión del Hijo, nombrándola, en palabras del Crucificado,  madre de la humanidad herida, madre de todos los hijos e hijas de Dios para siempre:  Una espada te traspasará el alma… Una maternidad dolorosa, llena de sombras en ese momento, demasiado para el corazón roto de una mujer que no tendría ojos más que para mirar el desgarro total de quien tanto había amado y que tanto le había amado

. la voluntad de Dios de la humanidad misma, voluntad que pasa en todos los seres humanos por una entrega total en amor y por amor a Aquel que nos creó para vivir en la luz de la salvación y para ser sus hijos en el Hijo, siendo esta la principal vocación del ser humano

. la voluntad de Dios sobre la Iglesia, que nace de la pascua del Cordero y que se perpetuará en el tiempo en la medida en que viva unida indisolublemente al proyecto salvador  de Jesús “haciendo memorial de estos acontecimientos”: pasión, muerte, bajada a los infiernos y resurrección de Jesús. Cuando la Iglesia pierda este memorial dejará de ser Iglesia y su fin no se realizará en la historia de hoy

. Y la voluntad de Dios sobre el cosmos y el mundo, que es siempre de “nueva creación”… cielos nuevos y nueva tierra para todos los que Él ama en Jesucristo su Hijo

Humanamente hablando era mucho para el cuerpo frágil de María al pie de la Cruz, para su corazón roto por el dolor, para su alma llena de preguntas y de las sombras de la muerte que en ese momento se cernían sobre el Calvario. Pero Ella se mantiene en pie ¡Permanece! La fortaleza del Espíritu le habita, pero le habita sobre todo el amor grande, inmenso, profundo, inconmensurable, desprendido, generoso y disponible para estar con Jesús hasta el final.

El texto en el que se asienta nuestra espiritualidad con respecto a María es precisamente este de Juan 19, 25-27. Este es el que se lee en las fiesta de Ntra. Stma. Madre. Y no podría ser de otra manera porque nuestra espiritualidad es redentora.

Hoy se nos invita no solo a acompañar a María al pie de la Cruz y a conmovernos con Ella y como Ella. Se nos invita a ASUMIR Y VIVIR SUS MISMOS SENTIMIENTOS, Y SOBRE TODO, EL COMPROMISO DE SU MATERNIDAD, ACOMPAÑANDO, EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE SU DISCIPULADO JUNTO A LOS CRUCIFICADOS DE LA TIERRA. El culto que le debemos a María pasa por aquí: Permanecer a los pies de las cruces del mundo, de los hijos e hijas de Dios, despertando la esperanza que mana como un río de la Cruz de Jesús.

 

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