Hagamos memorial de su entrega por amor a la humanidad herida y resucitada por el Padre en Él..

Con el Jueves Santo comenzamos el triduo pascual. Hoy hacemos memorial de Aquel grande amor entregado que penetrando hasta el fondo de nuestro corazón y de nuestro ser más original nos ha RESTAURADO desde dentro, devolviéndonos la alegría de SER HIJOS EN EL por toda la eternidad. Gracias, Jesús, por esta oblación de amor, única en el mundo, capaz de realizar en todos nosotros una nueva creación para un amor que ya no tendrá fin, y que si visibilizará progresivamente en el cuidado amoroso y amante que tendremos de todos nuestros hermanos, especialmente de los pobres y de los crucificados de la tierra.

Hoy hacemos memorial:

. de la Institución de la Eucaristía, sacramento de amor, escándalo también de amor, porque es un misterio que no alcanzaremos nunca a comprender más que experimentado el grande amor que Dios nos ha tenido al entregarnos a su Hijo crucificado, muerto y resucitado para nuestra salvación. Sacramento que nos renueva cada día en el amor y que cada día es y significa para nosotros una “nueva creación”, la restauración de todo en su amor.

. Hacemos memoria también de la Institución de sacerdocio. Sacramento de mediación del amor de Dios para los seres humanos. Vocación sacerdotal de toda la Iglesia como mediadora de la gracia salvadora de Dios. Vocación sacerdotal de hombres buenos, llamados por vocación especial, al sacerdocio.  Realizadores sacramentales del amor más grande;  Vocación sacerdotal de cada bautizado que ha sido constituido en sacerdote permanente de la palabra, la ternura y la misericordia de Dios, mediador de vida nueva y resucitada.

. Y hacemos memoria de dos signos que sellan el verdadero amor de unos para otros y por todos. El lavatorio de los pies como signo de que nuestro corazón tienen que estar siempre inclinado hacia nuestros hermanos, viéndolos como verdadero sacramento de la presencia de Dios la historia de la humanidad… Y el signo de la cruz, altar del amor permanente del mundo y de todos los tiempos, que nos dice que mientras nuestro amor no esté crucificado como el de Jesús, no será verdadero amor.

Que al hacer “memoria” en este triduo pascual de los grandes misterios de nuestra fe lleguemos a comprender que aquí se encierra el verdadero sentido de la vida humana y la verdadera felicidad del ser humano.

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