El Siervo de Isaías, prefigura de Jesús, tiene la certeza de que Dios está con Él

La figura del siervo de Isaías, en su mansedumbre y bondad, condenado injustamente, es prefigura de Jesús. Este siervo, que cumple la voluntad de Dios a pesar de todo y de todos, resiste y no se echa atrás por adversas que sean las condiciones en las que tiene que cumplir lo que Dios le ha pedido. Es la persona fiel hasta la muerte, capaz de responder siempre con amor y con la entrega de la vida.

Como digo, es prefigura de Jesús. Jesús sabe que el Padre está con Él, que no lo ha dejado solo como proclama en el Evangelio de Juan. Y que su Padre, a pesar de todos los pesares, saldrá fiador por Él, y que al final, el Padre cumplirá todas y cada una de sus promesas. Con todo, “la hora” de Jesús” es la “hora” de la noche oscura. Antes de que se manifieste la gloria de Dios en Él le quedan días de oscuridad, de angustia, de pasión y de muerte. Pero, como el siervo de Isaías  resistirá porque quiere cumplir la voluntad del Padre, y no quiere dejar el camino que Dios le ha trazado como “vocación de redentor” para reunir a los hijos de Dios dispersos y librarnos del pecado y de la muerte. Jesús es el manso que se entrega en medio de una noche oscura al cumplimiento de los deseos más íntimos del Padre de salvar, redimir, restaurar y liberar a la humanidad caída. Jesús sabe que tiene cerca a su defensor… Por eso, como Cordero se entrega y no pone resistencia.

Y en el Evangelio entramos en la terrible experiencia de donde puede conducir la desvinculación del amor cuando la persona se deja herir en la cotidianidad sin saber por qué; nos pone en guardia también del diálogo negativo que se entabla al interior de uno mismo y con los de fuera… en este caso las autoridades religiosas… y cómo se puede llegar “a vender” a una persona que, en el caso de Jesús, era quien había elegido y amado a Judas. La desvinculación del corazón le llevó a vender a su Maestro, a dejar el camino de su vocación, a echar por tierra la misión que se le había confiado y al abandono total del camino que Dios le había trazado.

Hoy simplemente quiero poner de manifiesto que el SIERVO NO DEJA POR NADA DEL MUNDO EL CAMINO QUE DIOS LE HA TRAZADO, PERMANECIENDO VINCULADO CON UN GRAN E INTENSO AMOR AL SEÑOR, y de los peligros de la desvinculación del amor verdadero que nos puede llevar a la pérdida de la persona amada y de lo más sagrado que tenemos, que es la vocación con la que Dios nos conoce. Todos podemos ser Judas con respecto a Jesús.

 

 

 

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