Qué triste tuvo que ser para Jesús la traición, la negación y el abandono de quienes quería

La página evangélica de hoy mueve toda nuestra compasión sobre Jesús. Nos gustaría consolarle, alentarle, dejar en su corazón la certeza de que “aunque todos, yo no, Señor”. Pero esta buena intención que tenía Pedro y que tenemos nosotros, también le va a hacer sufrir…porque, queriéndolo o no, abandonamos también al Señor con frecuencia.

De todas formas, es admirable el amor de Dios y sus dinamismos de salvación y de redención. Para que el ser humano, centro del amor de Dios en toda la creación, tuviera explicación a todo lo que le pudiera ocurrir o sufrir después del pecado original, lo permitió en su Hijo muy amado. Todo nuestro misterio pascual personal que tenemos que sufrir, porque no podemos ser más que Aquel a quien seguimos, tiene sentido y explicación en el misterio pascual de Jesús, nuestro gran amor.

Jesús sufre

  • el abandono
  • la deserción,
  • la traición
  • la negación

de los más íntimos a Él. de aquellos que había amado, elegido y permitido que anduvieran y estuvieran con Él.  Sufre la desvinculación afectiva de aquellos a quienes proclamó que “había amado y había amado hasta el extremo”.

El Evangelio de hoy habla de la traición de Judas. La traición empieza no porque el tuviera la bolsa y quisiera apropiarse de dinero, (de hecho tira las monedas de la venta de Jesús) no era pecado de avaricia. Era el pecado de la “noche”.  El pecado de Judas fue un pecado que se empezó a fraguar poco a poco en su corazón desde el momento en el que, por lo que fuera, pertenece al misterio, EL EMPEZÓ A DESVINCILARE AFECTIVAMENTE DEL MAESTRO, y se quedó sumergido en la noche -varias veces se habla de que era de noche-. Cuando se quiso dar cuenta, todo lo que hacía Jesús le sentaba mal, era para él motivo de desazón, de rechazo, de malestar…

A Jesús, tan amigo y leal, honesto y fiel, le tuvo que doler mucho la desvinculación afectiva de los suyos. El pecado mayor, el que más le duele a Dios, es el pecado del desamor. También a nosotros nos duele este pecado y no acertamos a comprender cuando los demás nos niegan, nos maltratan, nos abandonan, nos traicionan…

Pedimos hoy que en nuestro proceso vocacional, el Espíritu nos ponga alerta para no desvincularnos afectivamente del Maestro, nuestro camino y nuestra vida, y que tampoco nosotras provoquemos pecados de desamor por la desvinculación afectiva de nuestros hermanos que a veces  nos lleva a la traición, a la venta y al abandono de las personas. Y pedimos, también, que si esto nos ocurre, como a Jesús, tengamos la capacidad de unirlo a su pasión como vivencia de nuestro misterio pascual personal para la salvación del mundo.

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