Hoy, como María, nos ponemos a los pies de Jesús y derramamos sobre ellos el perfume de nuestra persona y de nuestra vida

El Evangelio de hoy es uno de los más bellos para la intuición femenina. Jesús, cerca ya de los acontecimientos que Él sabe serán dolorosos y definitivos en su vida, se va a descansar a casa de su amigo Lázaro. Y allí están sus hermanas con él.  María tiene en el corazón sobre Jesús, el Siervo, la misma opinión que tiene el Padre: MIRAD MI SIERVO A QUIEN SOSTENGO, MI ELEGIDO A QUIEN PREFIERO… María elige, y prefiere a Jesús. Elige y opta… Elige y se dona… elige y le da al Señor lo mejor de su persona y de su vida. de Marta se dice que servía.

María, mujer enamorada, quiere mirar, sostener,  arropar, ayudar,  cuidar y consolar a Jesús. Quiere demostrarle su amor grande y profundo. Un amor que quiere liberarlo de todo lo que está por venir y que ella intuye, porque realmente está enamorada, que será lo más doloroso de su vida. Toma un vaso de nardo puro y lo vierte sobre sus pies, enjugándolos con su cabellera. La acción de María será la misma que realice Jesús con sus discípulos cuando les lave los pies: un acto de amor entregado, profundamente disponible, lleno de ternura y compasión por la persona amada. Un acto que no sólo revela el amor, sino que lo realiza en su profundidad y lo derrama en cuantos alcanza. De hecho, se dice de este acto, que dejó la casa invadida por el perfume.

Hoy, cada una de nosotras queremos ser María. Y queremos verter el perfume de nuestra vida sobre Jesús y sobre todos los que Jesús ama. Queremos servir por amor no solo al SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS, que es Jesús, sino a todos los que Él ama, especialmente a los más pobres. Hoy queremos derramar sobre el mundo el perfume del amor redentor y dejarlo en el aire, de tal manera que este amor llegue y toque toda situación herida y dolorosa del mundo. No nos reservemos el perfume, como pretendía Judas, ni nos demos falsos mensajes de que los pobres… Hoy se nos pide el todo por el todo. Se nos pide la totalidad del amor en este símbolo del perfume como entrega de una vida, siempre en TOTALIDAD DE AMOR, como quería el P. Fundador, y de servicio redentor.

Qué grande será hoy nuestro día si todos los ambientes en los que estamos quedan sumergidos en el perfume de nuestro amor de hermanas mercedarias de la caridad,  de la entrega de  nuestra vida, perfume derramado en actitudes de entrega y de donación totales, de ternura y misericordia, de compasión y consolación, de mansedumbre y paz.

 

 

 

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