Hoy, el Señor, nos pone en el camino de la verdadera libertad evangélica

Llama la atención la libertad con que actúan los tres jóvenes de la primera lectura cuando son invitados a cometer un pecado de idolatría. Con qué libertad responden al rey Nabucodonosor y se mantienen en el amor del Dios vivo, confiando totalmente en que Dios LOS LIBRARA DE TODO PELIGRO. Y así sucede, la confianza en Dios les lleva a la libertad total de pasearse en medio de las llamas sin que nada les pase. Diríamos que la confianza total en el Dios fiel nos regala libertad a raudales.

En el Evangelio Jesús nos dice que solamente los que cumplen su Palabra son en verdad discípulos suyos, conocerán la verdad y la verdad les hará libres.

En nuestro camino de búsqueda de la verdadera libertad, o lo que es lo mismo, la gracia original con la que somos restaurados y hechos hijos en el Hijo para siempre, descubrimos que la verdadera libertad no está en hacer lo que “nosotros creemos, pensamos o queremos hacer”. Jesús viene a decir que la verdadera libertad  es El y su proyecto de vida, porque solamente El es la verdad. Por tanto, la libertad que soñamos y buscamos y queremos vivir va unida:

  • a leer, reflexionar, orar y cumplir la Palabra de Dios en nuestra vida en procesos de fe y de transformación, en procesos vocacionales cada vez más esenciales
  • al verdadero discipulado, que está en amar intensamente a Jesús y en entregar nuestra vida a su amor de una manera total, exclusiva y radical
  • a conocer la verdad, que es el mismo Jesús “yo soy la verdad” dijo Él, y a vivir en esta verdad con esencialidad de corazón y con coherencia de vida.

Por tanto, vivir en libertad no es nada fácil, pero es el verdadero camino para vivir el seguimiento de Jesús realizando el Reino en nuestra vida. Para ser libres, nos liberó Cristo en la cruz, dijo Pablo. Pero esta libertad pasa por un amor total y absoluto a Jesucristo el Señor y por realizar en nuestra propia existencia su proyecto de existencia, pasando diariamente por la cruz redentora.

Así lo leemos y lo reflexionamos en nuestros Documentos, que no nos permiten utilizar nuestro carisma de liberación y amor en un camino de liberación de esclavitudes  para realizar nuestros propios deseos e ilusiones centrados en nuestras propias personas, sino para vivir en donación total, amando a todos a la manera de Dios y entregando nuestra vida constantemente para que otras personas seas liberadas de lo que les oprime. Nuestras Constituciones nos invitan a hacer el camino de la verdadera libertad evangélica para para poder ser mujeres y discípulas liberadoras por amor. Para llegar a ser parábola de liberación entre los pobres.

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