No arrojemos nunca piedras contra nadie, y menos “la primera piedra”

Hoy nos presenta la liturgia la condena de dos mujeres, al parecer injustamente tratadas y condenadas.

Susana, condenada sin causa, como lo demuestra el juicio. Y los acusadores son condenados por la falta total de escrúpulos y de mi misericordia. Se ensañan con una mujer que no ha querido doblegarse a sus caprichos machistas.

Y la adúltera parece ser que sí, que había sido adúltera. La ley de Moisés mandaba apedrear a estas mujeres. Pero Jesús, que comprende el corazón humano, que su alma y su corazón están llenos de amor y de misericordia para el que cae, NO CONDENA, sino que se pone de parte de la mujer y dice: quien esté sin pecado que tire la primera piedra.

Las actitudes de Jesús para el que cae no son nunca de condena, excepto para los fariseos que están llenos de sí mismos, de soberbia e inmisericordia, y que tienen el corazón cerrado para acoger las caídas de los demás siendo ellos los primeros en caer en culpa. Ellos son los buenos… los perfectos… los mejores. Esta actitud, que a veces la tenemos todos nosotros, es la que Jesús condena: corazones perfectos, pero cerrados al amor, a la comprensión, a la misericordia y al perdón.

Jesús con la adúltera tiene una actitud de comprensión total, de ternura, de misericordia infinita, de delicadeza suma. Y arremete contra los buenos diciéndoles: Quien de vosotros esté sin pecado que tire la primera piedra. Claro, como todos tenían pecado ninguno se atrevió delante de él a arrojar piedras. El cambió las piedras por la misericordia.

No bendice Jesús el pecado de nadie, pero SALVA AL PECADOR. TIENE COMPASIÓN DEL QUE CAE, ES MISERICORDIOSO CON EL QUE HA OBRADO EL MAL. El amor, sabe Él porque así lo ha aprendido del Padre, borra la multitud de los pecados y Él, en vez de CONDENAR derrama MISERICORDIA, COMPRENSIÓN Y AMOR TOTA sobre todas las personas, especialmente sobre los pecadores. El mismo Jesús, que no condena, le dice a la adúltera: VETE Y NO PEQUES MÁS. Jesús no bendice lo que ha hecho, porque en realidad está mal, le bendice a ella y le indica el camino para ser feliz y vivir en su dignidad de mujer: Vete, y no peques más.

Que aprendamos de Jesús en este día a no condenar a nadie. Sobre todo a no condenar en base a las leyes que hay que cumplir, porque antes que toda ley está el amor y la misericordia con los demás. Y, sobre todo, no nos creamos nunca “mejores que nadie”… es esta una actitud soberbia, de dureza de corazón, que Jesús sí condena en los fariseos.

Y hoy, mirando a la adúltera, acordémonos de tantas mujeres condenadas a morir por el machismo solapado de la sociedad…

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