Hoy le pedimos a Dios participar, por vocación, en la muerte del justo

El siervo, el justo por excelencia, es Jesús. Leyendo las Escrituras podemos comprobar, como lo hemos hecho hoy al orar las dos lecturas de la misa del día, que el justo es una persona que por vivir pegado a Dios, por cumplir su voluntad y manifestarla en la vida, por sus actitudes de bondad, mansedumbre y misericordia, es quitado de en medio. Molesta a los “que se creen buenos” y sea como sea, hay que acabar con su vida, como se dice de Jesús en esta día.

Participar de la suerte del justo, seguir a Jesús en esta etapa de su vida, cuando quiere ser quitado de en medio porque ha pasado por el mundo haciendo el bien, no es fácil. Y, sin embargo, nuestra vocación de hermanas mercedarias de la caridad está inserta en el misterio pascual del Justo, que entrega su vida por amor y sin que nadie se la pida a pesar de todas las insidias del mal contra Él. Soportar con Jesús los dolores y sufrimientos de todos los inocentes del mundo para derramar sobre ellos y sobre la tierra toda  los frutos de la redención, no es fácil. Pero forma parte de nuestra vocación. Por vocación hemos sido llamadas a comunicar los frutos de la redención a todas las personas y estos frutos provienen de la cruz salvadora del Hijo. Por eso, con Él y como Él, tenemos que pasar por la pasión, la bajada a los infiernos de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús.

Es importante pues que todo lo que suframos en la vida, el sufrimiento casi siempre es considerado injusto, lo sepamos vivir a la luz de la fe e introducirlo en nuestro proceso pascual personal con el que, desde nuestra pequeñez, ayudamos a Dios, como decía Etty Hellisun en su misterio de salvación de los hombres.

  • Las incomprensiones que podamos sufrir
  • las enfermedades, pequeñas o grandes
  • los acontecimientos desagradables de cada día
  • el dolor de querer y no poder responder a Dios como quisiéramos
  • las heridas históricas de cada una
  • el sufrimiento de la misma cotidianidad, a veces empañada por el dolor del mundo y de los seres humanos…etc…

Todo forma parte en Jesús “del sufrimiento del justo”. Y también en nosotras que lo seguimos especialmente en esta dimensión redentora de su vida y de la nuestra. Tolo lo que nos pueda acontecer de herida o de dolor nos realiza como vocación y nos conduce a que nuestra vida, con todos sus acontecimientos, tenga un sentido liberador y redentor. Si miramos a la cruz de Jesús, ya nada nos parecerá injusto en nuestra propia existencia, porque Él, el justo por excelencia, sufrió por todos nosotros, sus heridas nos han curado. La cruz es inherente a la resurrección y a la gloria. Porque el Resucitado es el crucificado.

Pedimos a Dios entender nuestra vocación desde aquí y vivirla de esta manera con sentido, pues como dicen las Constituciones en el número 7: “Nos realizamos en la medida en que

  • asumimos
  • vivimos
  • actualizamos

(verbos muy importantes en nuestra vocación) este misterio pascual, fuerza de vida transformadora del mundo y del ser humano. Somos conscientes de que el sufrimiento y el dolor, así como el sentido de la muerte, tienen valor humanizante y redentor cando los integramos en nuestra vida…

Pidamos, pues, al Señor que nos conceda la gracia de participar de la “suerte del justo” , seguirle con amor, sufrir con Él para, que al resucitar también con Él, llenemos el mundo de alegría y de esperanza.

 

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