Hoy, hermana mercedaria, se nos invita a “adorar al Dios vivo”

El pueblo de Israel, tan amado y mimado por el Dios vivo, se va tras de otros dioses y se levanta becerros de oro. Se olvida del grande amor que Dios le ha tenido y empieza a hablar mal contra aquel que ha sido ternura infinita y que lo ha elegido de en medio de otros pueblos como su propiedad personal. Y Dios se lamenta de lo ingrato que ha sido el pueblo con Él. Moisés, con su oración, el gran amigo de Dios, tiene la capacidad de pedirle al Dios fiel que no se enoje contra su pueblo y que vuelva a restablecer la alianza. Dios le escucha y perdona de nuevo. Porque Dios siempre, siempre perdona y olvida nuestras ofensas.

Esta infidelidad, no es sólo del pueblo de Israel con respecto a su Dios. Es también también nuestra. Nosotras, hermanas mercedarias hemos hecho experiencia en nuestra vida del Dios fiel, pero ¡cuántas veces nos hemos ido detrás de dioses que no han realizado nuestra existencia!

Nos hemos hecho becerros de oro, hemos ido tras de ellos y los hemos adorado.

  • Hemos hecho becerros de poder, y los hemos adorado
  • Hemos hecho becerros de personas, y las hemos adorado, y las hemos puesto en el centro de nuestro corazón
  • Hemos hecho becerros de tener, y hemos acumulado cosas, carreras, títulos, aparatos, etc. y las hemos adorado
  • Hemos hecho becerros de nuestras propias personas, y hemos permitido que nos adorasen y lo hemos, incluso, reclamado

En fin, todas hemos tenido nuestros grandes o pequeños ídolos. Hoy se nos pide VOLVER AL DIOS VIVO para amarlo intensamente y adorarlo sólo a él. Como tantas veces cantamos, ” no adoremos a nadie, a nadie más que Él”. Sólo a Él honor y gloria. Solo a Él y para Él toda nuestra persona y toda nuestra dedicación. Solo para Él nuestra vida y vocación, nuestro amor, la fidelidad amante que a veces entregamos a esos pequeños diosecillos que no terminamos hacer desaparecer de nuestra vida. Allí donde está nuestro tesoro, está nuestro corazón. Si nuestro tesoro es otro que el Señor, el Señor, sin duda, está fuera de nuestra adoración fiel y permanente. A Dios le pertenecen todos los instantes de nuestro amor intenso. Solamente a Él.

Que cuando Dios nos recrimine porque nos vamos detrás de otros dioses, sintamos la pena de haberlo abandonado y volvamos Él que es misericordioso y fiel, rico en piedad y en bondad. Nadie tan grande, tan bueno, tan humano, tan cercano, tan tierno, tan realizador de nuestra persona y de nuestra vocación como el Señor. Nadie tan amoroso y amante como Él. Nadie tan fiel en su amor y en sus promesas.

Hoy se nos pide PONERLO DE NUEVO EN EL CENTRO DE NUESTROS CORAZONES. Y ADORARLO Y AGRADECERLE TANTO AMOR RECIBIDO, TANTO BIEN… AGRADECERLE, SOBRE TODO QUE NOS HAYA SALVADO Y REDIMIDO POR SU HIJO DE QUIEN POR TODA LA ETERNIDAD ESTAREMOS ENAMORADAS.

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