“Vete, tu hijo vive” es la respuesta de Jesús a la fe del funcionario real

En esta mañana damos gracias a Dios porque él nos ha regalado la vida. La vida es el don de Dios que todas las mañanas nos mueve a un agradecimiento profundo porque, sin ningún merecimiento por nuestra parte, el Señor nos la regala a raudales.

Le damos gracias también por Jesús, su Hijo amado, que por la fe de las personas, va regalando vida a manos llenas. Vida humana y vida llena de Dios, enmarcada en un amor fiel, misericordioso y lleno de ternura.

Hoy un funcionario real se acerca a Jesús para pedirle la curación de su hijo. Al principio Jesús le contesta no demasiado amablemente, porque ve que la gente acude hasta él no por su persona ni por la buena noticia que anuncia, sino por los signos que hace. El funcionario también se le acerca pidiendo un signo… Y Jesús parece que se enfada un poco. Era humano y tenía todo el derecho. Pero enseguida se mueve a compasión por la fe del funcionario que, con insistencia, le pide que baje a curar a su hijo. Y Jesús, que no se deja ganar en generosidad, le dice: “Ve, tu hijo vive”.

Mucha fe tenía el funcionario, porque no le insiste a Jesús para que se vaya con él hasta su casa, sino que cree a pie juntillas en las palabras de Jesús: “tu hijo vive” y confía y se abandona. El funcionario se va sin Jesús,  pero cuando casi estaba llegando a casa, salen a decirle que su hijo está mejor, que se ha curado y ha cesado la fiebre. El comprueba que era la misma hora en que Jesús le había dicho que vivía y creyó él y toda su familia.

Este relato nos conmueve y estimula nuestra fe. La fe que pone en el camino de la vida, como le sucedió a este joven, y en el camino de la confianza total y absoluta en la Palabra y en la persona de Jesús. ¡Qué bello es experimentar en el alma que la fe nos devuelve a la vida, nos pone en el camino de la vida, nos llama a la vida, nos regala la vida, nos hace creer en la vida verdadera!

A nosotras, hermanas mercedarias, llamadas a recrear la vida y a custodiarla, también el Señor nos dice hoy: “ve, tu hijo vive” Las personas que viven a nuestro lado y las que están bajo nuestro cuidado, obtienen también la vida por la fuerza de nuestra fe, de nuestra confianza y de nuestro abandono en los brazos de Dios. Esta misma fe personal, estimula la fe comunitaria, pues el texto evangélico dice que creyó el funcionario y toda su familia. Y es que la fe la recibimos en la comunidad, se desarrolla y crece en comunidad, y es en la comunidad, donde nuestra fe obtiene los quilates del verdadero amor y de la verdadera esperanza. La comunidad creyente es el sustrato de la fe personal.

Que hoy recibamos esta confirmación de Jesús ¡tu vives! y “tu hijo vive” y que hagamos un camino de fe entregada, alegre, gozosa, comunitaria y testimonial junto a nuestras hermanas de comunidad. Así estaremos siempre en la vida…

 

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