Ilumina, Señor, nuestro corazón para “verte y encontrarte”

Las lecturas de este domingo nos ponen en el camino de la Luz… en el camino de Jesús, luz del mundo.

La segunda lectura nos dice con firmeza y misericordia:

  • Hermana mercedaria, levántate y Cristo será tu luz
  • Hermana mercedaria, déjate iluminar por Cristo
  • Hermana mercedaria, vive sumergida en la luz que se te regala
  • Hermana mercedaria, vive la vocación de la luz, como quería nuestro Fundador, e ilumina el mundo…

Hoy, sentadas en las laderas de nuestro camino, dejamos que Jesús se nos acerque, nos mire con misericordia y amor, se fije en nuestras tinieblas y nos cure con su amor devolviendo la luz a nuestros ojos del alma y del corazón. Jesús pasará a nuestro lado y nos dará, con su luz, la capacidad de ser libres para el Reino, de entregar nuestra vida en aras de la luz para que todos tengan vida y vida abundante.

Jesús, en gestos redentores de amor, pondrá el barro y su saliva. Pondrá el polvo al que tenemos que volver y la esperanza de que acogeremos sus deseos de curarnos. Pero nosotras tenemos que poner de nuestra parte, como también se le pidió al ciego que pusiera de su parte: Vete a la fuente de Siloé y lávate. Nada puede hacer la gracia sin nosotras, ya lo decía también nuestro Padre Fundador. Nada puede hacer la luz que nos regala Jesús si nosotras decidimos seguir en nuestras tinieblas. Jesús pone todo de si mismo en un acto precioso de amor… se abaja, coge tierra -yo creo que nuestra tierra- la mezcla con su saliva y nos cura. Pero a nosotras nos toca abrirnos, ponernos en pie, dejarnos transformar, dejar que Jesús nos escrute, dejarnos iluminar por una luz que va a poner de manifiesto todo lo que en nuestra vida no es concorde con nuestra vocación de personas, de cristianas y de religiosas.

La luz que hoy se nos regala puede hacer de nosotras criaturas nuevas. No nos cerremos a su gracia. Hagamos que toda nuestra casa quede iluminada por Jesús, luz del mundo, capaz de deshacer todas las tinieblas que nos acechan.

¡Despierta, hermana mercedaria! ¡Levántate! Y Cristo será tu luz…LLeva el farol de tu corazón encendido a todas las tinieblas de la tierra…

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