Las hermanas Mercedarias hemos comprendido que perdonar “hasta 70 veces siente” es un camino de libertad y de liberación

El corazón ha salido de la Eucaristía de hoy restaurado. Hemos comprendido la grandeza del corazón de Dios que no sólo perdona nuestros pecados y los olvida, sino que perdona también la deuda contraída con ellos. Lo más difícil de la vida cristiana es amar perdonando hasta 70 veces siete, asemejando así nuestro corazón al de Dios que perdona siempre y, además, olvida las ofensas.

Por eso se suele decir que el perdón compete sólo a Dios. Sólo El es capaz de amar con una fidelidad amorosa que perdona y olvida las ofensas. Ama y perdona a cada persona desplegando la profundidad de su amor y de su misericordia con ella. Nadie puede perdonar si no ha hecho experiencia del perdón y de la bondad inigualable de nuestro Dios en su propia vida y corazón. Cuando la experiencia del perdón de Dios ha arraigado en nuestros corazones, tenemos la capacidad de hacer nosotras lo mismo con las personas que nos han herido. Cuando hacemos experiencia de que hemos sido restauradas desde un amor grande, y desde dentro, y para siempre tenemos la capacidad de perdonar a otros sus ofensas. Nuestro corazón queda liberado de tal manera que la felicidad existencial se restablece y comenzamos un camino nuevo, siendo personas diferentes, porque nos ha tocado el perdón de Dios, y con esa misma experiencia podemos tocar nosotras el corazón de los demás revelando el grande amor que Dios nos tiene, que USA SIEMPRE MISERICORDIA CON NOSOTRAS.

Por eso solemos decir que nadie más feliz que aquel que no tiene nada contra nadie.

Por otra parte, tenemos que saber que si el distintivo del cristiano es el amor, es un amor que perdona siempre. Ninguna otra religión tiene esta dimensión más que el amor cristiano. Por eso, la falta de perdón en nuestra vida suele escandalizar a quien nos mira.

Pidamos hoy al Espíritu Santo que habiendo acogido el perdón de Dios, tengamos nosotras la capacidad de perdonar siempre, en todo, y

a todas las personas porque así nuestro Padre Celestial seguirá perdonando siempre nuestros pecados. El perdón de Dios está supeditado, según el Evangelio, al que tenemos que tener con nuestros hermanos.

Hermana mercedaria, que no se ponga el sol de este día sin que todas hayamos perdonado de corazón a nuestros hermanos, si tenemos algo contra ellos.

Que derramemos sobre todas las personas el perfume restaurador de la misericordia y del amor fiel del Señor.

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