Hoy veneramos a San José, una sana tradición en la Congregación, que no tenemos que perder

San José es el patrón de la Iglesia universal, pero, sobre todo es el justo de Dios por excelencia. La palabra virtud no existe en el vocabulario hebreo. En este vocabulario para expresar que alguien se parece en todo a Dios es usa la palabra “justo”. De ahí la denominación “el justo José”. Pues eso se dice de este santo que encarna todas las virtudes domésticas y que nos invita hoy a entrar en el misterio de Dios.

San José llama la atención por muchas cosas, pero sobre todo su figura y personalidad creyente nos habla de su fidelidad al cumplimiento de la voluntad de Dios en la realización de su vocación de fiel custodio de Jesús y de María. Dios lo eligió, descendiente de David, para que fuera el esposo virginal de María y el padre adoptivo de su hijo Jesús. A pesar de la oscuridad de la fe de la que estuvo revestida toda su trayectoria, él se fio de Dios e hizo todo lo que el Señor le pedía, abandonado a su voluntad y siendo, en todo momento, fiel compañero  de la Virgen y de Jesús. Desde el silencio y el ocultamiento, dejando detrás de él una estela luminosa de fidelidad a los planes de Dios, nos enseña que se puede ser “pieza clave”en el plano de la salvación solamente por esa capacidad de ABANDONARSE EN TODO MOMENTO EN LOS BRAZOS Y EN A LA VOLUNTAD DEL SEÑOR.

La perseverancia, la humildad, la prudencia, el silencio, la fidelidad, la amabilidad a toda prueba, la confianza y la obediencia, fidelidad, el amor callado y entregado, la mansedumbre, la justicia y la libertad frente a todos y a todo las podemos aprender de este santo a quien la Congregación nos puso como modelo en todas estas virtudes domésticas. San José fue, además, un gran maestro de oración. Para todas sus dudas y para tener claro él camino el entraba en diálogo con Dios. Y Dios le respondía desde el amor y desde la vocación que le otorgó en la historia de la salvación.

La Iglesia lo tiene como patrón de las vocaciones. Pero también lo tenemos nosotras. Es importante seguir rezando a este gran santo para que nos envíe las vocaciones que necesitamos a fin de poder llevar adelante el carisma congregacional y ser fieles a lo que Dios en este momento nos confía en la historia de la salvación.

Sigamos las huellas de San José en el camino de Jesús y de María. No nos arrepentiremos, en el día a día y en la cotidianidad vocacional del amor, él nos enseñará siempre cómo responder a la voluntad amante de Dios.

 

 

 

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