Hermana mercedaria de la caridad, confía en tu Dios

La primera lectura de la misa de hoy nos hace una llamada a una de las experiencias fundantes de nuestra fe y de nuestra vocación: LA CONFIANZA…Qué bonito dice el profeta Jeremías: Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces. Cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto.

Y el salmo 1 recalca lo que dice el profeta con palabras poéticas que llenan el alma de consuelo, de fortaleza, de alegría, de júbilo, de esperanza. Pues la confianza es el camino de la esperanza y de la alegría sin límites.

La confianza, además, es una de las experiencias más bellas que vive la hermana mercedaria con relación a Dios, a los demás y a todo lo que existe, pues todo se convierte en maravillosa mediación de amor con el Dios que nos ama y que confía en nosotras a pesar de todas nuestras infidelidades y lejanías de su amor. En este día de cuaresma, que coincide, además, con la fiesta de la Congregación, queremos renovar esta virtud humana y cristiana que nos lleva a vivir abandonadas totalmente en el amor del Padre, que nos ha tatuado en la palma de su mano y que, con su amor, nos entrega todos los días los dones de la redención para derramarlos en el camino de libertad y liberación de los seres humanos.

Sería estupendo que en este día, y a partir de las lecturas de hoy, tuviéramos la capacidad de renovar nuestra confianza en el Señor, de confiar en su providencia amorosa, en su voluntad amante, en la vocación que nos ha regalado, en su llamada para evangelizar y llevar el reinado de Dios hasta los confines de la tierra. Confiar y abandonarnos en su amor sin dudar en un solo momento que Él, como Padre, estará en todos nuestros caminos llevándonos de la mano hacia el pleno cumplimiento de lo que Él quiere de nosotras.

En este día, y suplicando al Padre Zegrí, RENOVEMOS NUESTRA CONFIANZA EN EL SEÑOR, dejemos que El siga plantando el árbol de nuestra vida y vocación al lado de las corrientes del agua de su gracia, que lo siga podando, cuidando y custodiando, que lo haga florecer y fructificar, y abandonemos nuestro corazón en sus brazos. El lo custodiará en la fe, la esperanza y la caridad y lo derramará como agua fresca y cristalina sobre todos aquellos que esperan la liberación de Dios.

Confiar totalmente y abandonarse en Dios es una de las experiencias más bellas de la fe, que luego nos ayuda a confiar en los demás y a vivir con todos relaciones entrañables de cariño y de confianza también.

Confiar, en cuaresma, es decirle al Señor que estamos seguras de que su amor nos ha restaurado desde ahora y para siempre.

 

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