Hermana Mercedaria, a la vida religiosa no has venido a ser servida, sino a servir decía el Beato Zegrí

La Palabra de Dios de este día, al introducirnos en el corazón de nuestra propia vocación, que es el misterio pascual de Jesús, nos recuerda también las claves en las que  tenemos que vivir y realizarla y vivirla.

Dice Jesús a los suyos: Vamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los Sumos sacerdotes y a los escribas. Y lo condenarán a muerte y lo entregaran a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen, y al tercer día resucitará.

Nuestra vocación, eminentemente pascual, de hecho dicen las Constituciones que nos realizamos en la medida en que asumimos, vivimos, y actualizamos este misterio pascual fuerza transformadora del mundo y del ser humano, nuestra vocación, digo, nos convoca hoy a tomar parte con Jesús de esta subida a Jerusalén, comprometiéndonos con su causa para vivir con Él el  misterio insondable de la redención y de la liberación de los seres humanos. Nos llamamos hermanas mercedarias liberadoras, pero tenemos que saber que la liberación pasa por la experiencia insoslayable de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Pasión muerte y resurrección que nosotras vivimos en los acontecimientos diarios.

No hace falta irnos lejos ni hacer grandes sacrificios para vivir este misterio. Basta con que vivamos el día a día con sentido en lo que tiene de muerte y de vida. Y que lo vivamos unidas a Jesús, nuestro gran amor, caminando con El y apoyándonos en su gran amor y en su entrega para la liberación de sus hermanos. Incomprensiones, enfermedades, soledades, tristezas, pérdidas, abandonos, como parte de la muerte diaria y… gracia, bendición de Dios, fiesta, celebración, alabanza, gozo, alegría, vida…son parte de las experiencias de resurrección que nos acompañan. Identificar unas y otras nos hará vivir nuestro misterio pascual personal unido al misterio pascual de Jesús.

Por otra parte, el final del Evangelio nos da la clave preciosa del servicio, como fundamento del amor cristiano y, también, del amor gestual y sacramental que tiene que vivir la hermana mercedaria de la caridad: “El que quiera ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor, y el que quiere ser primero que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre que no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar la  vida en rescate por muchos”.

El Beato Zegrí nos dijo a nosotras: A la vida religiosa no habéis venido a ser servidas, sino a servir y a prestar servicios a los demás. Por tanto, dentro del misterio pascual que todos los días tenemos que vivir como fundamento de nuestra vocación, el servicio es una de las claves de lectura de la que no podemos prescindir. Y en ello tenemos como modelo a Jesús, que en la última cena tomó un lebrillo y lavó los pies a sus discípulos…

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