Señor, nosotras, hermanas mercedarias de la caridad no queremos actuar de “fariseos en nuestra vida”

El Evangelio de hoy nos parece siempre un poco duro en la manera con que Jesús trata a los fariseos, en principio, hombres que amaban la ley de Moisés y la guardaban en el corazón. Pero el problema de estos hombres era que en su conducta diaria “eran demasiado duros con sus hermanos”, tal como aparece en el contexto de todo el Evangelio.

Jesús no les recrimina que no cumplan bien todo lo prescrito en la Ley de Moisés. Lo que les recrimina es que “cargan grandes fardos en los demás” y que busquen los primeros puestos anhelando siempre un reconocimiento social  que no les corresponde, olvidándose de los demás. Es decir, la dureza de corazón contra los demás y el querer ser siempre más que los demás, incluidos reconocimientos sociales especiales.

Lo que Jesús viene a decirnos a nosotras es que en la búsqueda del cumplimiento de la voluntad de Dios para nosotras y para otras personas, seamos misericordiosas como lo es Dios Padre y, sobre todo, coherentes en la vida. Que lo que pensamos con la cabeza lo amemos en el corazón y lo llevemos a cabo en nuestra propia existencia. Es decir, que si creemos que tenemos que ser benevolentes, sepamos lo que es benevolencia, amemos la benevolencia y la vivamos en la vida cotidiana, especialmente con nuestras hermanas de comunidad y con las personas que se nos han confiado en la misión. No podemos proclamar que tenemos que ser misericordiosas como el Padre, siendo duras con los demás como lo fueron los fariseos, o buscando siempre los primeros puestos dejando a los demás siempre en las márgenes.

La conversión que nos propicia hoy la oración y la reflexión es vivir una gran coherencia de vida para que nuestra evangelización surta sus frutos y, como dice el final del Evangelio, que hagamos con los demás un camino de humildad, sirviéndolos a todos, porque el que se humilla será enaltecido. Un camino de humildad para acoger, acompañar, escuchar, ayudar, entregarnos desde la verdad existencial que cada una somos: tierra y polvo, pero tierra y polvo compartido en el amor fraterno con todos. Seamos todo lo coherentes que podamos, porque nuestra mentira existencial, puede llegar a destruir la identidad original de las personas que tenemos en frente. Fuerte, pero así lo pensaba Jesús de los fariseos.

4ad3447d16e08e69e948a70d82ab33c1COHERENCIA

 

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