Hermana mercedaria, reconoce tu pecado, tu debilidad, tu fragilidad y deja que la misericordia de Dios te salve

La primera lectura de hoy nos invita a reconocer que “hemos pecado”. Todos nosotros, de alguna manera, porque participamos del primer pecado de Adán y Eva, experimentamos en nuestro interior las fuerzas del mal y que, a veces, sin quererlo, nos apartamos del Dios misericordioso y fiel rebelándonos contra El. El pueblo de Israel tuvo la capacidad de reconocer su pecado y de “volver” a aquel que tenía la posibilidad de salvarlo y de restaurar constantemente la alianza, que era el Señor. Así en la lectura de hoy dice: Hemos pecado…no hicimos caso a tus siervos, los profetas, que hablaban en tu nombre, a nuestros reyes, a nuestros príncipes, padres y terratenientes… Es decir, no oyeron la voz de Dios que les hablaba desde las mediaciones cotidianas. Reconocer su pecado fue el primer paso para la conversión.

En este día, experimentar la capacidad que tuvo el pueblo para reconocer su pecado, nos anima a reconocer los nuestros, para que el Señor pueda restablecer su alianza misericordiosa y de amor con nosotras y poder seguir en el camino como personas que se acogen constantemente a un “Dios que nos puedes salvar”. No reconocernos pecadoras supone vivir en la soberbia solapada del corazón que nos aparta de Dios y de los demás. “Perdón, Señor, hemos pecado” es el primer estadio de una verdadera conversión. De un cambio de vida. Porque si no hemos pecado, ¿Cuándo nos podemos nosotras acercar a la cruz salvadora del Hijo, que es el altar donde Él se entrega para curarnos de nuestras heridas y redimirnos de nuestros pecados?

Por otra parte, el Evangelio, bellísimo, nos invita a ser MISERICORDIOSAS COMO EL PADRE. Pero sólo puede ser misericordioso quien ha experimentado la misericordia sobre él en la cotidianidad del amor. Ser misericordiosas, no juzgar, perdonar, no condenar y DAR CON UNA MEDIDA GENEROSA COLMADA, REMECIDA Y REBOSDANTE es lo que se nos pide para amar con el mismo amor del Padre.

Seguimos, pues, en este itinerario de cuaresma reconociéndonos hoy pecadoras… Reconocer nuestros pecados personales, sociales, institucionales… para pedir perdón y volver a nuestro Dios que nos hará criaturas nuevas y, desde ahí, ser misericordiosas como Él, entregando nuestra vida constantemente en compasión, perdón, reconciliación y en gratuidad. Que el Señor nos bendiga en este camino.

 

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