Nuestra hermana de comunidad es un sacramento fraterno que tenemos que cuidar, mimar y respetar

Nuestras hermanas, aquellas con las que compartimos vida y vocación, son un sacramento fraterno que tenemos que cuidar, mimar y respetar. Ellas son el espacio donde el amor de Dios se revela y donde se hace tangible para cada una.

La Palabra de Dios hoy, en el Evangelio, nos sitúa a todas en la esencialidad del amor fraterno y nos invita a una conversión total para poder responder a aquel sueño de Dios, que es amor, y que quiere que todos nos amamos como hermanos. El hermano, la hermana, es imagen de Dios mismo. Está habitado por el Espíritu Santo. Tiene una dignidad, otorgada por el Señor, que no puede ser ni vulnerada ni mancillada. Una dignidad original que lo hace un ser único e irrepetible, digno de amor, de respeto, de recibir ternura y bondad, de ser tierra firme de la misericordia entrañable de nuestro Dios. Por eso, no se puede pensar mal contra él, ni menos sentir mal, ni mucho menos, como dice el Evangelio, hacerlo objeto de nuestra ira, de nuestros enfados o de nuestras palabras malhirientes.

Y el Evangelio de hoy es una de las páginas más exigentes de la Biblia… Si tu hermano tiene algo contra ti… no si tú tienes algo contra él… sino,  si él tienen algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda en el altar y vete a reconciliarte con tu hermano. No podemos, está claro, participar del sacramento del amor, del torrente de amor que es la Eucaristía, del memorial en el que el amor fue crucificado para que nos pudiéramos amar unos a otros, teniendo algo contra nuestros hermanos, o si ellos tienen algo contra nosotros. Es como “ningunear” el amor eterno, misericordioso y fiel de Dios, aunque la palabra suene fuerte, el Papa Francisco la utiliza.

Por eso, en este día y para que la cuaresma sea verdaderamente un espacio de conversión y de renovación, nosotras, hermanas mercedarias de la caridad vamos a vivir en este día, sobre todo en éste, un proceso de conversión fraterna con respecto a nuestras hermanas de comunidad y a nuestros hermanos que hacen camino con nosotras. Que hoy no se ponga el sol sobre nuestras enemistades, y que verdaderamente revelemos al mundo que hemos creído en el amor de Dios, que vivimos en él y que nos tomamos en serio la Eucaristía, que es memorial de amor entregado. Revelemos al mundo, en espíritu y en verdad, que nuestras hermanas de comunidad son un sacramento de amor fraterno.

Y esto por algo muy sencillo, Dios es tan bueno como dice la primera lectura de la misa, que Él no tiene en cuenta nuestro pecado… y que jamás recordará ya nuestros pecados pasados si de verdad practicamos la justicia y cumplimos el mandamiento, que es el mandamiento del amor al prójimo.

Y nuestro Fundador nos RECUERDA CON INSISTENCIA: HERMANA MERCEDARIA DE LA CARIDAD, “CARIDAD, MUCHA CARIDAD”.

 

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