La oración, el espacio del amor para la hermana mercedaria de la caridad

El Padre Fundador quería que la hermana mercedaria de la caridad fuera una mujer orante, porque tenía la convicción y, también la experiencia, de que la caridad se aprende en la oración. El, un apasionado del amor de Dios, de la caridad de Dios, se acercaba todos los días a la experiencia del misterio de Dios a través de la oración para vivir el amor en plenitud y para derramar la caridad del Señor en gestos sacramentales de ternura y misericordia para todos.

El ejercicio de la oración, decía el P. Zegrí,

Han de practicar con frecuencia las hermanas de Ntra. Sra. de las Mercedes, porque la oración es el crisol donde se elaboran todas las virtudes, y, por tanto, para desempeñar fielmente sus cargos, necesario es que la oración sea su refugio… (Beato Zegrí)

En la oración se aprende la verdadera caridad, se aprende el silencio con el que se reprimen las murmuraciones y se conserva la paz… (Beato Zegrí)

Debe considerar la hermana de Ntra. Sra. de las Mercedes que es dichosa porque se embriaga en el manantial de las divinas conversaciones con su silencio… (Beato Zegrí)

La oración nos ilumina, y en ella está el camino que hemos de seguir (Beato Zegrí)

La oración es una flor de oro que encierra los más hermosos colores y los perfumes más exquisitos, alegra al mismo Dios y llena el alma de celestiales delicias… (Beato Zegrí)

Debemos orar porque no podemos nada sin la gracia… (Beato Zegrí)

La Palabra de Dios, de este jueves de la primera semana de cuaresma nos introducía también en la maravillosa experiencia de la oración. La oración de la Reina Esther es una de las más bellas de la Biblia, elevada a Dios para que se acuerde de la alianza hecha con el pueblo y para que salve a la misma reina de las vicisitudes por las que está atravesando. Y Jesús en el Evangelio nos animaba a “pedir”. Pedid y recibiréis, porque el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama se le abre.

La oración, sin duda, es el más bello diálogo que puede entablar nuestro corazón con aquel que sabemos nos ama, y que con su amor nos da todas las cosas.

Es importante, en nuestra vida de hermanas mercedarias de la caridad cultivar el ejercicio de la oración y la oración misma. Entrar en un diálogo de amor ininterrumpido con el Señor y confiar, abandonándonos constantemente en sus brazos. Cuando este diálogo con el amor de nuestra vida es fluido, nuestros ojos se iluminan, nuestro corazón descansa en la paz inigualable de una presencia, nuestra intimidad es espacio de amor que acoge el dolor del mundo y está dispuesto a liberarlo, y toda nuestra vida se convierte en testigo y testimonio de que no caminamos solas, que nos habita la más maravillosa persona y el amor más fiel y confiable que hayamos podido encontrar: Dios y su amor.

En esta cuaresma hagamos el propósito de repensar nuestra oración y de discernirla para que podamos seguir viviendo en este espacio del amor en donde todo se vuelve luminoso y fecundo por una presencia amante que transforma y recrea la vida. Y esta misma presencia nos envía al mundo para ser presencia amorosa y tierna de Dios con los que más sufren.

 

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