Hoy la liturgia nos invita a “volver”…

Cuando el Señor, en su fidelidad, buscaba a su pueblo para volver a restablecer la alianza con Él, les invitaba a VOLVER… Volver para reencontrarse con su amor, con su fidelidad, con su llamada, con la alianza que había hecho desde antiguo con ellos.

Hoy, al comienzo de la cuaresma, se nos invita a nosotras, hermanas mercedarias de la caridad a VOLVER. A volver nuestra mirada al Señor para que nuestros ojos, cansados del camino, se encuentren con  su mirada, cargada de ternura y siempre luminosa. Volver nuestro corazón al Señor, para que Él lo acoja entre sus manos y lo purifique de todo egoísmo, de todo pecado, de todo temor. Para que deje nuestro corazón libre de todo aquello que nos impide tenerlo centrado totalmente en Él, en su amor y en su proyecto, realizador de toda nuestra vida. Volver nuestra alma hacia Él para que la revista de misericordia, de bondad, de humanidad, de fortaleza y paz, de mansedumbre para poder amar a su manera y poder derramar en el mundo los frutos de la redención.

Hoy se nos invita a volver… No para hacer camino de retorno sin fronteras o porque cualquier tiempo pasado fue mejor. Se nos invita a volver desde el significado bíblico del término, que es para ENCONTRARNOS REALMENTE CON EL ROSTRO AMOROSO Y AMANTE DE DIOS que nos se ha apartado de nosotras a lo largo y ancho del camino,  y que ha mantenido su fidelidad perpetuamente, que ha derramado sus manantiales de gracias sobre nosotras a pesar de nuestro pecado y que siempre está dispuesto a renovar la alianza para que no dejemos de ser parte de su propiedad y de su heredad.

Se nos invita a volver para encontrar las fuentes de la vida, de la esperanza, del amor más puro, de las fronteras que humanizan, de los suelos que nos mantienen firmes en nuestra vocación. Volver para que nos roce el viento del Espíritu Santo, para que el rocío de la gracia se deposite en nuestras almas sedientas de Dios, para que la humanidad del mismo Dios nos revista de esas entrañas de misericordia y compasión que tienen la capacidad de cambiar el mundo y la faz de la tierra.

Si hoy te encuentras con esta página… ¡Vuelve! vuelve tu rostro, tus ojos, tu corazón, tu alma, tu vida… toda tú… Vuelve al Señor. Él es la respuesta y tiene la respuesta de tu felicidad, de la felicidad del mundo y de la restauración de todas las cosas en su amor… Vuelve, vuelve a tu hogar, que es el CORAZON MISMO DE DIOS, DEL AMOR… Si vuelves te encontrarás con puertas abiertas, con ventanas llenas de luz, con caminos que huelen a esperanza, con pisadas que acompañan tus procesos, con ojos que te miran porque te aman, con palabras que perdonan, con caricias que acogen y restauran, con susurros al corazón que te dan razones de existencia y de vocación. Si vuelves te vas a encontrar los cielos de todos los mundos abiertos a tu pobre y humilde persona. Porque el Dios que te ama está detrás de las más bellas estrellas y de todas las promesas que pregonan los profetas de los tiempos nuevos y antiguos. VUELVE… tu esperanza no quedará defraudada.

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